Las tres vidas de León Kamikaze

Terminé "León Kamikaze". Al principio algunas palabras y acciones de los personajes me sacaron un poco de onda. Creía que sólo se trataba de una novela con situaciones escatológicas que querían volver humorística, pero no. De hecho, seguí leyendo. León no es un héroe, tampoco un antihéroe. Es un muchacho lleno de dudas, de deseos y con un vacío inmenso de amor. Este personaje no es ayudado por nadie, porque no lo permite. A su paso personajes como Lola, su tío, incluso el de Departamento de Custodia, intentan entenderlo, pero no pueden pararlo, no lo pueden domar y ante la falta de sumisión, prefieren odiarlo. El personaje se hace así mismo, dando traspiés chocando contra personas, situaciones, golpes, pero logra encontrarse en medio de la inmundicia que fue donde siempre creció. No huye de sus orígenes se revuelca en ellos para encontrar el camino de la redención.
Es un Kamikaze porque no sabe ser de otra forma, comerse a las mujeres con lujuria, amar con desenfreno y hablar sin reparo lo hacen un personaje muy humano. Sus vivencias no son del todo tristes, no sólo es verlo en picada, es verlo sentir en medio de un mundo indiferente.
Me atrevo a decir que se parece a los intocables de los slum en la India, todos lo miran con asombro, saben de su miseria y su pesar, pero son incapaces de apoyarlo o jalarlo hacia la luz; por eso León pelea por defender quién es, desde el chico violento hasta el hombre que termina siendo bueno, porque sabe que le gusta serlo, no porque haya presión de fuera por serlo, sino porque se le da naturalmente y acepta el reto. Todos los personajes adolescentes tienen algo de kamikazes: Liberto, Alma, Lola, porque se estrellan contra la vida, contra lo que son los adultos, quienes también colisionan, pero sin todo el apasionamiento. Me gustó esta novelita porque León podría ser un adolescente perdido como cualquiera y decide hallar su senda; no se sujeta a ningún sentimentalismo; se despoja del amor como de una chamarra, aunque lo cubra, sólo decide que no la llevará puesta. Y es esa falta de apego la que lo hace más noble, porque es un egoísta normal, como lo somos todos. Aunque no todos corremos con la suerte de saber quiénes somos y dónde queremos estar.

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